La esperanza tonta que sostengo, es un apego mágico sin sentido, ese que es sufrido por culpa de que me invade y que posee una fuerte carga emotiva para nada racional. Es que me enloquece la ilusión del compartir esos momentos que no existen. El hoy es un enemigo furtivo, la realidad y la condición de lejanía que mantenemos y soportamos me ensaña en un triste pesar, y más cruel sufrimiento.
La ambigüedad reina en este mismo, ya que la negatividad obvia una parte de mi pide que la soporte en por de la promesa de un futuro entero y desquiciadamente perfecto. La utopía de vivir las miradas en tu cuerpo es el fuerte y vigoroso hecho que posibilita, el para muchos confuso, empecinamiento a mantener el cuasi sufrimiento, ese que no contengo por no tenerte, de que no me tengas, el que te extrañe y que me encienda, que profane la llave de mi orgullo y que lo venda, ese que me arrodilla y me hace suplicar por tu venida salvadora, ese que existe por el simple hecho de que no estás aquí conmigo.
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